La independencia profesional salvó mi salud mental 

En esta columna semanal, Carola Fernández, Psicóloga Gestalt y Sexóloga, nos cuenta como independizarse profesionalmente fue una de las mejores decisiones de su vida.

Todos llegamos a la independencia por distintos caminos. El mío fué "la necesidad de crecimiento y de salud mental"

Muy pronto me di cuenta que el estilo de vida que estaba llevando me cortaba las alas, me alejaba de mi potencial, de los hábitos saludables, pero lo más grave, me alejaba de quienes amo.

Independizarme surgió desde el estrés y el malestar, desde el tomar conciencia que cada día me parecía menos a mi misma y que de poco me servía estudiar tantos postgrados si no podía llevar a mi trabajo todo ese conocimiento.

Era una sensación de sinsentido, de aridez. Así describo lo que es vivir una vida que se aleja tanto de tu potencial, por lo menos así lo sentía yo.

"¡La independencia salvó mi salud mental!", así de fuerte y claro. Al fin podía crear una vida en donde el cuidarme fuese posible, o mejor aún, que fuese prioridad.

Recuerdo mi primera mañana de independencia. La posibilidad de desayunar tranquilamente e iniciar el día con calma. Mi felicidad era inmensa. Algo tan simple, pero que al mismo tiempo se parecía tanto a la vida que quería.

Esa primera mañana de le escribí a una amiga "no sabía lo bien que se sentía despertar con calma en un día de semana, no puedo creer que ésto sea real".

Recuerdo ver la belleza en cada cosa de mi cotidiano, lo agradable que era almorzar con calma, caminar con calma en mis ventanas de pacientes, poder ir al médico, y vivir el día... y la parte más entretenida, ¡ahora tenía el tiempo necesario para crear aquello que necesitaba! mi propia marca.

Cada paciente que llegaba era por el boca a boca, y eso era más gratificante que cualquier cosa que hubiese experimentado en mis otros empleos.

Cualquier pequeño paso que daba lo sentía como un logro inmenso. Me sentía orgullosa de mí misma, al mismo tiempo que surgía un anhelo de crecimiento que no se ha detenido desde entonces.

Yo sabía muy bien cuáles eran los riesgos de la independencia, por eso me alegraba tanto con cada logro. Mi secreto para combatir la frustración, ha sido siempre cuidar el equilibrio entre mi deseo de crecimiento, junto con mi gratitud y admiración por lo logrado.

La independencia me ha permitido vivir... y puede sonar extremo, pero para mí, la vida recién es vivida cuando tu estás en ella, desde un lugar de completa coherencia entre tus convicciones y tus acciones.

Pasé de vivir una vida en donde debía cumplirle a una jefatura, incluso si eso implicaba dañarme a mi misma, a una vida  en donde mi jefa es una mujer que me adora y que quiere siempre lo mejor para mí, yo misma.

Ser mi propia jefa, fue otro de los caminos para convertirme en mi mejor amiga.

No sé si la independencia es para todas las personas, pero sí sé que definitivamente es el único trabajo en el que he sido completamente feliz. Y cuando la mayor parte de tu día se siente tan bien, no hay forma de no sentirte exitosa y en cierto modo transmitirlo.

Con la salud mental, se despertó otro gran combustible en mi trabajo, la pasión desmedida y el amor en cada detalle de lo que hago.

Honestamente... mi salud mental sólo podía nacer en la independencia, no pensé que fuese posible, pero logré crear un trabajo que cada día me sana más.


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Carola Fernández
Psicóloga Gestalt y Sexóloga